anterior | table of contents | siguiente
TORN
IDENTITY
(English
Translation available here)
INTRODUCCIÓN
La obra de Jaime Davidovich se desarrolla en los fervientes años que
van desde finales de la década de 1950 hasta la actualidad, y principalmente
entre Argentina y los Estados Unidos. Estas coordenadas son los parámetros
esenciales para comenzar el abordaje de su trayectoria artística. Si
bien su producción se ha caracterizado por el empleo de una diversidad
de medios y recursos formales, esa variedad encuentra toda su coherencia cuando
se articula con el contexto artístico pero también social y político
de aquellos años.
Davidovich crece en una Argentina pujante, en los tiempos inmediatamente posteriores
a la Segunda Guerra Mundial. Buenos Aires estrecha sus contactos con el mundo.
Los artistas se nutren de esa apertura, comenzando un diálogo fructífero
con las principales tendencias estéticas internacionales, en particular,
con las post-vanguardias europeas. El informalismo será una de las corrientes
más influyentes entre los artistas jóvenes, y en un lapso breve,
encontrará muchos adeptos interesados en explorar la materia más
allá de las imposiciones de la forma. Entre ellos se encuentra Davidovich,
quien además se interesa por el tachismo y el expresionismo abstracto
norteamericano, corriente que conoce en un temprano viaje a Río de
Janeiro.
El período de postguerra es también el momento de surgimiento
y consolidación de dos figuras claves en la escena política argentina:
el general Juan Domingo Perón y su esposa Eva Duarte de Perón,
conocida internacionalmente por el nombre de Evita. Inspirada en el fascismo
italiano, la política peronista se estableció a través
de un uso inusitado de los medios de comunicación masiva y de un importante
aparato de propaganda pública. De hecho, la televisión surge en
la República Argentina gracias a los oficios de Eva Perón, quien
tras un viaje a Europa entiende la importancia de este medio para promover los
actos del gobierno, y decide impulsarlo. La primera transmisión televisiva
se realiza el 17 de octubre de 1951, en el aniversario de la manifestación
popular que había promovido al General Perón al gobierno seis
años antes.
La política peronista se basó en los actos masivos y en una intensa
propaganda. Fue una política del espectáculo, que los medios registraron
y propagaron a todo el país. Jaime Davidovich resume magistralmente esa
época en una frase enunciada al comienzo de su video Evita, A Video Scrapbook
(1984): Cuando Evita estaba en el poder, era como mirar televisión
todo el tiempo. La presencia de la primera dama argentina colmaba las
pantallas televisivas y su voz resonaba incansablemente en las emisoras radiales.
Los diarios y revistas no dejaban de publicar todos sus movimientos y los niños
en las escuelas eran obligados a leer las páginas de su autobiografía,
La Razón de mi Vida.
No es casual, por tanto, que la obra de Davidovich se oriente hacia un cuestionamiento
sistemático de los medios desde una perspectiva reflexiva, analítica
y conceptual. Sus primeros videos son netamente anti-espectaculares, y su ingreso
posterior a la televisión se asienta en una producción paródica
y crítica, de resistencia cultural, que pone al descubierto los mecanismos
ideológicos sobre los que se construye el discurso televisual.
Tras un período de indagación plástica que lo conduce directamente
al conceptualismo, su obra realiza un giro radical para internarse en el universo
de los medios de comunicación a través del video. Sin embargo,
una observación detallada del desarrollo de su carrera artística
permite constatar el interés permanente del artista por indagar en los
fundamentos de construcción de las imágenes, en sus relaciones
con el entorno y en la forma en que su circulación la articula con
el contexto social y cultural.
Su obra reciente enfrenta la homogeneidad discursiva de la globalización
con una producción intimista y meditativa. Nuevamente, la obra artística
se erige como un espacio de resistencia, pero esta vez a través de un
retorno a las fuentes, tanto plásticas como mediáticas, que consolidaron
su labor a lo largo de todas estas décadas.
DEL MARCO AL CONTEXTO
Como sucede con muchos artistas de su generación, las primeras pinturas
de Jaime Davidovich acusan las influencias informalistas. Otorgan un gran protagonismo
a las texturas producidas mediante pinceladas o por la técnica
del frottage y a ciertos elementos compositivos que enfatizan la espacialidad
de la tela. Es el período de los Pizarrones Negros, pinturas basadas
en extensos planos de ese color, de superficies muy texturadas, sobre las que,
eventualmente, aparecen líneas horizontales. Davidovich ha relacionado
esas líneas con los indefinidos horizontes de las pampas argentinas y
con sus primeras aproximaciones al video. Lo que quería hacer señala
en una entrevista era capturar un instante en la pintura que no tiene
principio ni fin... cuando comencé con el video, esto se tradujo en la
delimitación de un marco para algo que se mantiene en movimiento pero
que nunca termina. 1
A comienzos de la década del sesenta Davidovich expone en la Galería
Lirolay, el espacio de arte vanguardista de Buenos Aires, y asiste con fascinación
a una muestra de artistas espacialistas en la Galería Bonino. Esta exposición,
y en particular la obra de Lucio Fontana, serán de una profunda influencia
para el artista.
A la serie de los Pizarrones Negros le sigue una serie de Pizarrones Blancos
realizados en los Estados Unidos, país al que se traslada con una beca
de estudios en 1963. Allí descubre que en sus representaciones espaciales
indefinidas, el marco constituía una limitación arbitraria, por
lo que decide eliminar tal limitación integrando la obra al ámbito
expositivo. Así, suprime los bastidores y comienza a adosar las telas
directamente sobre la pared. Para este fin utiliza cintas adhesivas de doble
faz.
El paso siguiente será eliminar la propia superficie pictórica,
reemplazándola por las cintas adhesivas. Con esto, completa el camino
hacia sus obras ambientales de finales de los sesenta y principios de los setenta,
anulando toda interferencia en la integración de la obra con su entorno.
El uso de cintas de diferentes materiales -tela, papel, vinílicas- le
permite continuar en la línea de sus investigaciones texturales, pero
pronto el interés se desplaza desde la materialidad de las obras a
sus aspectos procesuales y sus relaciones con el espacio.
La eliminación de las referencias extrapictóricas y la integración
de la obra al entorno constituyen un cambio radical en la producción
del artista. Esa transformación coincide temporalmente con un rechazo
similar por parte de los minimalistas hacia las propiedades relacionales de
sus trabajos -es decir, las que ligan al espectador con las cualidades formales
de la obra- que enfatiza las conexiones de sus piezas con el entorno -y, en
consecuencia, la posición del espectador entre ambos 2
.
Pero también coincide con el momento en que el conceptualismo rechaza
las formas artísticas tradicionales, en su intento por cuestionar los
fundamentos mismos de la producción artística. Ser un artista
hoy -sostiene Joseph Kosuth- significa cuestionar la naturaleza del arte. Si
uno cuestiona la naturaleza de la pintura, no está cuestionando la naturaleza
del arte... Esto se debe a que la palabra arte es general, mientras la palabra
pintura es específica 3 .
El conceptualismo rechaza las categorías tradicionales en función
de una nueva categoría, la de arte en general. Según
Thierry De Duve, Algo sin precedentes en toda la historia del arte sale
a la superficie en los sesenta: comienza a ser legítimo ser un artista
sin ser un pintor, un poeta, un músico, un escultor, novelista, arquitecto,
fotógrafo, coreógrafo, cineasta, etc. Aparece una nueva categoría
artística -el arte en general, o el arte en extensión- que no
se absorbe en las disciplinas tradicionales 4 .
El arte deja de estar ligado al hacer manual, para centrarse en el pensar.
Toda obra portadora de una idea es artística, independientemente del
medio utilizado para transmitirla. La materialización de esa idea llega
a ser irrelevante. Para Sol Lewitt, Sólo las ideas pueden ser obras
de arte... (sin embargo) no todas las ideas tienen por qué materializarse
5 .
La producción de Davidovich se orienta claramente en este sentido. El
abandono de la pintura y el énfasis puesto en las relaciones de la obra
con el espacio y con el espectador, generan un circuito conceptual que sólo
puede completarse en la experiencia perceptiva y la actividad intelectual de
éste último. La negación de los valores formales de la
pintura, y posteriormente, el rechazo de los espacios centrales e institucionales
destinados a las obras de arte, lo llevarán a cuestionar esa naturaleza
del arte en general, que el desarrollo intelectual de su época estaba
exigiendo a los artistas comprometidos en la redefinición de la práctica
artística.
LOS TAPE PROJECTS
El reemplazo definitivo de la tela por cintas adhesivas da origen a los Tape
Projects (Proyectos para Cintas). En sus primeras manifestaciones, las obras
guardan reminiscencias de la etapa pictórica anterior: la materialidad
de las cintas y, algunas veces, la aplicación de pintura sobre éstas,
conservan el interés por las texturas de los años precedentes.
Sin embargo, el tamaño que van adquiriendo los trabajos desplaza la atención
desde las consideraciones estéticas hacia el ambiente que ocupan las
piezas.
Las primeras obras de magnitud dentro de los Tape Projects fueron realizadas
con los auspicios de Experimentos en Arte y Tecnología (EAT), una agrupación
fundada por el artista Robert Rauschenberg y el ingeniero Billy Klüver
algunos años antes. En 1971, Jaime Davidovich cubrió una pared
del Lake Erie College de Painesville, en Cleveland, con cintas de papel, tela
y tela pintada con acrílico blanco, de dimensiones variables. Ese mismo
año, en otra de las actividades del EAT, Davidovich instaló cintas
de papel blanco y amarillo a lo largo de las escaleras que conducían
a la galería de la John Carroll University.
En estas obras se pone en evidencia la tendencia del artista a intervenir
sobre el espacio del espectador. Éste deja de ser el observador pasivo que
contempla la obra desde el lugar que ésta le impone 6 ,
y pasa a transformarse en parte integrante y vital de la propuesta. La magnitud
de los trabajos reclama una experiencia descentralizada. Es el espectador,
con su recorrido, quien orienta la lectura y quien -en definitiva- deberá
reconstruir el plan original en su cabeza. Al mismo tiempo, las piezas comienzan
a ubicarse en espacios inusuales, alejados de las blancas paredes de los museos
y galerías.
Al año siguiente, Davidovich realiza una obra en el espacio público,
interviniendo las veredas de las dos cuadras que separan al Museo de Arte de
Cleveland de la New Gallery, peticionaria del proyecto. La vereda fue dividida
en dos tramos: en el primero, Davidovich enfatizó los espacios negativos
entre los bloques de cemento que la conformaban, rellenándolos con una
cinta delgada; en el segundo, enfatizó los bloques, atravesándolos
con una cinta gruesa. La obra duró casi un año, hasta que el uso
y las condiciones climáticas la destruyeron.
En esta obra se produce una curiosa paradoja que involucra por igual al medio
y a los objetos sobre los que se aplica. Las cintas tienen la propiedad de
cubrir es decir, ocultar la superficie que las soportan. Sin embargo, en
esta intervención, las cintas des-cubren es decir, revelan o hacen
evidentes superficies inadvertidas por el espectador debido a la indiferencia
que impone la marca de lo cotidiano. En este sentido, las cintas producen un
efecto de extrañamiento de la realidad cercano al buscado por Bertolt
Brecht en su dramaturgia crítica, induciendo una observación
renovada y reflexiva del entorno urbano.
Ese mismo año, en un proyecto para el Akron Art Institute, Davidovich
cubre una pared en realidad, una falsa pared 7 con cinta vinílica transparente. El material utilizado pone el
énfasis en otro aspecto, que en realidad está presente desde las
primeras producciones con cintas: el proceso de realización. Las cintas
revelan imperfecciones en la pared y su colocación produce superposiciones,
burbujas de aire, arrugas o estiramientos del material, llamando la atención
sobre el proceso de producción de la pieza.
El énfasis en lo procesual es otra de las características que
liga la obra de Davidovich de estos años a los lineamientos del conceptualismo.
Ese carácter no surge únicamente de la evidencia del proceso de
realización, sino también, de la actividad del espectador en la
captación del sentido de la propuesta.
Tomados en conjunto, los Tape Projects pueden pensarse como fases sistemáticas
en la exploración de las múltiples posibilidades de incidir sobre
los espectadores y el espacio a partir de una premisa (material) constante.
Esto los ubicaría en la línea del conceptualismo sistémico,
caracterizado por el uso de sistemas o de seriaciones como método de
composición anti-formalista tendiente a evitar las imposiciones del
ordenamiento expresivo. 8
En 1973, Jaime Davidovich es invitado a participar en la Bienal del Whitney
Museum of American Art. Para esta oportunidad, elige instalar su obra en la
pared aledaña a la escalera que comunica a los diferentes pisos, fuera
de los salones que contienen al resto de las obras invitadas. Una disposición
vertical de cintas atraviesa los pisos desde el subsuelo al último
nivel. Para ver la obra completa, el espectador debe subir o bajar las escaleras.
Como en las obras anteriores, la actividad del espectador se torna fundamental.
Ese mismo año presenta en la New Gallery una disposición similar
de cintas a lo largo del espacio central de una escalera interna, y un proyecto
para cubrir con cintas los costados de un puente ferroviario cercano.
DE LAS CINTAS COMO ARTE AL ARTE EN CINTA
En el momento de mayor auge de los Tape Projects, Davidovich se inclina hacia
la utilización de un nuevo medio: el video tape. La decisión no
involucra simplemente la incorporación de un nuevo tipo de cinta (tape),
sino la utilización de una herramienta completamente diferente y el desafío
de abordar un medio absolutamente desconocido para el autor -y para la mayoría
de los artistas de la época, ya que la tecnología del video
estaba recientemente disponible en el mercado.
La incorporación del video como medio supone, en principio, un regreso
a la imagen figurativa que progresivamente había desaparecido en la obra
del artista. Involucra, por otra parte, la utilización de una imagen
enmarcada por los límites del monitor, un re-centramiento de la experiencia
perceptiva y un direccionamiento explícito de la mirada del espectador.
Sin embargo, los videos de la primera etapa de Jaime Davidovich son un intento
sistemático por trascender todas esas falsas premisas de la imagen electrónica.
Para ello, el artista recurre muchas veces a la video instalación o a
la video performance, en un intento por superar las limitaciones de la imagen
encerrada en la pantalla y reconducir la experiencia estética hacia una
recepción activa por parte del espectador.
En realidad, no se produce un reemplazo de los Tape Projects por el video,
sino que durante mucho tiempo ambos medios coexisten en un diálogo permanente.
De este diálogo surge el proyecto Tape as Art and Art on Tape (Cintas
como Arte y Arte en Cinta) en el que Davidovich se propone confrontar las experiencias
producidas por esos dos medios heterogéneos.
Road (1972), el primer video producido por el artista, es el registro de las
bandas de división centrales de una ruta captadas en un traveling continuo
de veinte minutos de duración. La imagen, en blanco y negro, está
acompañada por el sonido directo del lugar en que fue registrada. La
fragmentación extrema elegida por Davidovich para el registro transforma
la imagen en un patrón geométrico de líneas complementarias,
que pueden interpretarse indistintamente como bandas blancas sobre un fondo
gris o viceversa. La abstracción de la imagen contrasta con el sonido
ambiente, altamente referencial con relación al título de la obra.
Este sonido relaciona la imagen con un espacio externo a ella, que trasciende
los límites de la pantalla televisiva. En esa remisión externa,
Road opone un espacio abierto al encerrado en el monitor. Al mismo tiempo, en
tanto no existe un principio ni un final stricto sensu en el recorrido de la
cámara, ese espacio abierto aparece como una prolongación de
la trayectoria inconclusa del traveling.
Es imposible no ver en las imágenes de Road una referencia directa a
las obras realizadas con cintas: la pantalla aparece atravesada por líneas
verticales que recuerdas las configuraciones ordenadas de aquéllas. No
obstante, es en Blue, Red, Yellow (1974) donde las referencias se hacen aún
más explícitas.
El video comienza con la lluvia electrónica característica
del televisor sin imágenes. Repentinamente, una mano aparece por un costado
de la pantalla y comienza a cubrir el televisor el que la cámara
registra, pero también el que observamos con cinta adhesiva de
color azul, hasta ocultar completamente la pantalla. Una vez concluido el
proceso, se repite con una cinta de color rojo y luego con una de color amarillo.
La aparente sencillez de esta pieza contrasta con sus múltiples lecturas.
En primer lugar, hay un juego dialéctico entre los códigos de
la pintura y los del video plasmado en la selección de los colores, ya
que azul, rojo y amarillo son los colores primarios de la pintura basada
en el proceso de adición cromática mientras los de la imagen
electrónica son el verde, azul y rojo basada en la sustracción
cromática. En segundo lugar, hay otra confrontación entre la mano
que cubre el televisor en la imagen y el registro que revela el procedimiento.
Otra lectura proviene del contraste de dos temporalidades: mientras el ruido
electrónico no presenta un patrón temporal aparente, la mano que
cubre la pantalla realiza una operación con una temporalidad específica.
Finalmente, hay una acción performática que trasciende el registro
actualizándose en el espectador del video: al hacer coincidir el encuadre
con los límites de la pantalla del televisor que se está registrando,
a medida que el performer va cubriendo esa pantalla se tapa también la
pantalla del televisor en el que el espectador observa el registro. Esto produce
la desaparición simultánea del ruido electrónico dentro
y fuera de la pantalla, lo que se ve reforzado por el registro de la actividad
en tiempo real.
El video Interior (1976) guarda una gran afinidad con Blue, Red, Yellow. La
imagen comienza mostrando un sector de una habitación vacía. Una
mano aparece y comienza a tapar el monitor con cinta adhesiva, pero sobre la
superficie de esta cinta se inserta por chromakey la imagen de otro sector de
la misma habitación. El proceso se repite hasta que pasan por la pantalla
las cuatro paredes, el piso y el techo de la sala. Cada imagen presenta una
información mínima sobre el sector registrado, obligando a un
esfuerzo considerable para identificar cada fragmento. Nuevamente, el registro
en tiempo real hace que la pantalla registrada en la imagen y la del televisor
en el que el espectador percibe la obra se cubran simultáneamente con
la cinta que coloca el performer.
Mientras en Blue, Red, Yellow son dos los niveles de registro de la imagen
-el ruido electrónico y la actividad del performer- en Interior existe un
tercero: la imagen en el televisor registrado, la acción del performer
y la imagen insertada sobre la cinta. Este hecho señala otra fase temporal
en el proceso de producción de la obra: una etapa de pre-producción
(el registro de los diferentes sectores de la sala), una etapa de producción
del registro performático, y finalmente, una etapa de post-producción,
en la que se insertan las imágenes sobre las cintas.
EL VIDEO COMO EXPLORACIÓN DEL ESPACIO
En sus primeras video instalaciones, Jaime Davidovich utiliza la fragmentación
de la imagen de video como contrapunto a la extensión del espacio expositivo.
Una de las obras más representativas dentro de esta vertiente es Baseboard
(1975).
Esta pieza confronta una sala vacía con la imagen del recorrido rectilíneo
a lo largo de sus zócalos. El registro, realizado con un encuadre muy
cerrado y sin principio ni final definidos, se incorpora a la sala a través
de un televisor ubicado en el piso, contra una de las paredes, exactamente delante
del zócalo. La lectura de la obra depende de toda una serie de relaciones
que el espectador debe realizar a partir de los escasos elementos que la componen:
las conexiones entre el espacio estático de la sala y la movilidad de
una de sus partes, la experiencia completa del recinto y la fragmentaria de
sus zócalos, la mirada libre del espectador en contraposición
al plano invariable del video, el entorno finito que contiene al visitante
y el infinito que se proyecta desde la imagen.
La integración de la obra al espacio que ocupa remite de manera inmediata
a las piezas ambientales ejecutadas en el marco de los Tape Projects. La relación
está fuertemente enfatizada en una obra similar, Corroboree (1979),
en la que el monitor se liga ahora a tres espacios diferentes.
Tres salas contiguas son identificadas mediante cintas de colores adheridas
a los zócalos de sus esquinas e iluminadas puntualmente: la primera,
mediante cintas de color verde, la segunda, mediante cintas de color rojo y
la última con cintas de color azul. El monitor está en el centro
de la última de las salas, aquella a la que el espectador llega al final
de su recorrido. La imagen del monitor muestra un traveling por los zócalos
de cada sala, en el orden en que las ve el espectador al recorrerlas. El color
de las esquinas sirve para establecer las relaciones entre la imagen y el espacio
físico, que no posee ningún otro elemento de identificación.
De Baseboard existe también una versión en video que guarda relaciones
con Interior. La obra comienza con un traveling por los zócalos de una
sala vacía. El tamaño del cuadro, bastante cerrado, sumado a la
fragmentación visual, dificultan el reconocimiento de la imagen. Tras
un recorrido completo, la cámara retrocede, saliendo de la pantalla de
un televisor -que era la verdadera fuente de la imagen- y mostrando la totalidad
de la sala, con el monitor descansando en un rincón sobre el piso. Al
igual que en Interior, la inclusión de un elemento de información
en este caso, el monitor es la que permite comprobar que lo que
el espectador está viendo no es sólo una imagen, sino la imagen
de una imagen. Nuevamente se cuestiona el estatuto de la imagen videográfica
en tanto registro de la realidad, al mostrar que se trata de la imagen de
una realidad previamente mediatizada.
La construcción de la realidad que producen los medios es una de las
líneas de investigación claves en la obra de Davidovich. Si bien
será asumida con mayor asiduidad en las piezas ligadas a los medios de
difusión masiva en particular, la televisión o Internet
es interesante notar como aparece, en estas obras tempranas, una confrontación
entre la percepción espacial del espectador y la versión que
la imagen de video emite sobre ese entorno.
A las obras en las que el medio se delata como transformador de la realidad,
se suman una serie de trabajos en los que el artista interviene sobre la situación
registrada generando incertidumbres en el espectador.
En 3 Mercer Street (1975), la cámara realiza un paneo circular constante
en una sala vacía. Esporádicamente aparece un performer (Stuart
Sherman) que realiza unas acciones incomprensibles, pero con la particularidad
de presentarse siempre en un lugar diferente. El video está registrado
en tiempo real, por lo que es el performer quien se mueve en el espacio de la
sala cambiando su relación con la cámara, que en todo momento
se mantiene fija en su posición y con un movimiento de rotación
constante.
Es claro que, para una persona presente en el lugar, es muy fácil seguir
las acciones del extraño personaje. Sin embargo, para el espectador del
video es prácticamente imposible hacerlo, debido fundamentalmente a la
fragmentación del cuadro. Aunque pueda parecer obvio, es importante notar
que toda la performance ha sido diseñada teniendo en cuenta precisamente
esa limitación de la visión, y que, aunque el performer parece
abstraído en sus acciones inexplicables, su verdadera acción es
la que realiza para la cámara.
La presencia del performer pone en evidencia la posición de la cámara
y el artificio de la supuesta documentación. Por otra parte, resulta
enigmático que la cámara no se detenga para mostrar las acciones
del hombre, y en cambio decida continuar escudriñando un espacio que
se mantiene constante. Pero es en este juego donde se busca la complicidad del
espectador, ya que éste puede, al igual que la cámara, anticipar
las características del espacio, pero no puede adivinar la aparición
del performer.
En el video Surveillance (1976) la pantalla aparece dividida en dos partes.
En una de ellas -la izquierda- vemos al artista rotando sobre si mismo y mirando
a su alrededor; en el sector derecho, observamos la imagen resultante de un
paneo por una habitación. La relación entre ambas imágenes
sugiere que el registro de la derecha corresponde a lo que el artista efectivamente
ve. Sin embargo, el tamaño del encuadre con que ha sido filmado el interior
de la sala -un encuadre muy cerrado- hace prácticamente imposible tal
relación. Más aún, mientras Davidovich se mueve sin variar
la posición sobre la cual rota, los elementos de la habitación
aparecen cada vez más cercanos hasta alcanzar una proximidad que no condice
con la situación del artista, registrado en un espacio neutro sin objetos
a su alrededor.
Esta falta de correspondencia entre una situación y lo que parece ser
el resultado de su registro fue utilizada por Davidovich en una video instalación
realizada en el Lorain County College en 1973, cuando aún su obra conjugaba
los Tapes Projects con el video. Adosado a una pared pendía un panel
rectangular producido con cintas adhesivas; a unos metros, un televisor mostraba
una mano colocando cinta adhesiva de manera similar a la dispuesta sobre el
panel. Sin embargo, la mirada atenta permitía determinar que no se trataba,
en realidad, de un registro de la realización de la obra, ya que las
cintas eran de tamaños claramente diferentes, considerando las relaciones
entre las cintas y la mano registrada en el video.
Un poder de observación similar es necesario en Two Windows (1976), un
video que muestra dos ventanas iguales de las que penden sendos papeles que
se mueven con el viento. Con el tiempo puede percibirse que los papeles no siguen
necesariamente los caprichos del viento, sino que a veces el papel de una de
las ventanas tiene un comportamiento diferente al de su par. Por otra parte,
hay ciertos saltos en la imagen difícilmente perceptibles debido
a la posición fija de la cámara más no hay discontinuidad
en el sonido que registra el ambiente urbano que rodea a las ventanas.
UN ALMA POBRE EN LA TV
A pesar del éxito obtenido con sus video y video instalaciones (que lo
habían llevado a obtener becas del Creative Artists Public Service Program
y del New York State Council on the Arts, una invitación para producir
en los Synapse Studios de Syracuse, y numerosas exhibiciones en los espacios
más importantes de los Estados Unidos) Jaime Davidovich decide dar un
nuevo giro en su carrera, convencido de que el medio natural para el video arte
no estaba en los museos y las galerías sino en la televisión
de alcance reducido.
En aquella época, los video tapes se veían en televisores ubicados
en pequeñas salas de museos y galerías de arte, en las que se
disponían sillas para los eventuales espectadores. Davidovich notaba
una gran contradicción en esta práctica: si los espectadores del
museo contemplaban las obras en la misma posición de receptividad pasiva
que adoptaban en sus hogares frente a su televisor, no tenía sentido
sacarlos de la comodidad de sus viviendas. Por otra parte, la distribución
a través de los circuitos artísticos convencionales transformaba
al video arte en una variante actualizada de las formas artísticas tradicionales,
dificultando su difusión a mayor escala.
La popularización de las emisoras de cable en los setentas dio la posibilidad
a los artistas de acceder al espacio televisivo a un costo no demasiado elevado.
En 1976,junto con otros artists Jaime Davidovich funda Cable SoHo y se transforma
en su primer director de programación. Un año más tarde,
es miembro fundador de la Artists Television Network (ATN), una institución
orientada a la difusión de las artes y las obras de los artistas por
televisión, de la que es director entre 1977 y 1983.
En 1978, Davidovich produjo para la ATN, SoHo Television, un programa transmitido
por Manhattan Cable TV y Teleprompter Cable TV. Al año siguiente comenzó
The Live! Show, un programa semanal transmitido por el Canal J, espacio de acceso
público 9 perteneciente a la primera emisora.
SoHo Television era un programa basado en entrevistas informales, donde los
artistas invitados dialogaban con un entrevistador sobre sus respectivas obras.
En general, los invitados pertenecían a la vanguardia artística
norteamericana en el campo de la performance, la video creación o la
televisión alternativa. A lo largo de su programación, SoHo Television
recibió la visita de artistas de la magnitud de John Cage, Laurie Anderson,
Vito Acconci, Dennis Oppenheim y Les Levine, por nombrar sólo a algunos.
En muchos casos, los artistas mostraban su obra o la componían en vivo
para la audiencia, como fue el caso de una de las participaciones de John Cage.
En otros casos, no era un artista el invitado, sino un grupo de artistas o un
crítico u otro representante del circuito artístico, que discutían
sobre las problemáticas que atravesaban el arte contemporáneo.
En este sentido, deben destacarse los programas dedicados a analizar los Conceptos
de Tiempo y Espacio, moderado por Dore Ashton, las Perspectivas de la Vanguardia,
a cargo de Robin White, o El Cambiante Rol de los Museos de Arte, programa
a cargo de Gregory Battcock.
Desde su mera descripción, es evidente que SoHo Television estaba dirigido
a una audiencia específica. Sus emisiones buscaban generar un espacio
de reflexión sobre la actividad artística de su tiempo, con seriedad
y sin subestimar el nivel intelectual de los espectadores. Cada programa constituía
un acercamiento del público a las discusiones más actualizadas
en el campo de la creación estética, un espacio para que los artistas
pudieran acceder a una audiencia amplia y un intento renovado por acrecentar
el protagonismo del arte en los medios de difusión masiva.
Los programas estaban estructurados, en general, sobre largos bloques registrados
en tiempo real, sin efectos y con un mínimo de variaciones en las posiciones
de cámara. En todo momento se privilegiaba la presencia del invitado,
la exhibición de su obra y el desarrollo de la discusión. Con
esto se buscaba cumplimentar con dos objetivos, que el propio Davidovich ha
descrito en estos términos: Lo que intentamos hacer, es dar a
los artistas de vanguardia una vidriera de primera clase, y al mismo tiempo,
generar una audiencia que pueda apreciar su obra 10
.
The Live! Show era un programa bien diferente, y en algunos aspectos prácticamente
opuesto al anterior. Su estructura estaba compuesta por segmentos independientes,
a la manera de un show de variedades, en los que una serie de personajes asumían
la tarea de realizar una aguda crítica a la televisión comercial.
Si SoHo Television fue una mirada de la televisión sobre los artistas,
The Live! Show era la mirada de un conjunto de artistas sobre la televisión.
Todas las emisiones de The Live! Show hacían gala de una gran comicidad,
producto principalmente del histrionismo de sus personajes. El hecho de tener
que realizar una crítica a la televisión desde un espacio televisivo
hizo que la mayoría de los segmentos estuvieran conformados por sátiras
a los formatos más consolidados, ejecutadas con gran sutileza y un
inteligente sentido del humor.
Un elemento fundamental de The Live! Show fue su condición de programa
realizado en vivo. A esto se debió que muchas de sus propuestas
contemplasen la participación de los espectadores a través de
la comunicación telefónica, lo que se iba a potenciar algunos
años después en un programa experimental realizado utilizando
la tecnología QUBE (ver más adelante).
Como la televisión es ante todo servicio, he aquí algunos de los
servicios que ofreció The Live! Show para su audiencia: un
psiquiatra rocanrolero, interpretado por el músico Paul McMahon, que
transmitía el diagnóstico y tratamiento para los problemas que
planteaban los televidentes a través de canciones; un doctor especializado
en problemas de adicción televisiva, el Dr. Videovich, egresado
de la Universidad de Buenos Aires, donde estudió cómo manipular
los medios con profesores alemanes (tal era su presentación); un
espacio de opinión a cargo del pintor John Torreano, quien recitaba monólogos
sobre hechos recientes, relevantes o irrelevantes, del ámbito artístico;
una sección de venta telefónica de videokitsch, una
línea completa de productos basados en el aparato televisivo; lecciones
de arte a cargo de Jaime Davidovich, en las que se solía describir la
realización de un dibujo pero rara vez qué debía hacerse
para lograrlo; entre otros importantes y útiles servicios.
A las secciones fijas se agregaban los sketches realizados por los artistas
invitados y, eventualmente, obras de video arte. Los segmentos estaban divididos
por los comerciales que promocionaban los diferentes componentes de la línea
de videokitsch, o por Tee Vee, The Poor Soul of Television (Tee
Vee, la Pobre Alma de la TV), una historieta protagonizada por un televisor
antropomorfizado que frecuentemente se sentía incomprendido, desaprovechado
o incompletamente integrado al entorno familiar. Era común la utilización
de efectos visuales, como colorizaciones o inserciones de imágenes,
que muchas veces eran comentados por los espectadores en sus intervenciones
al aire.
Las participaciones del público generaban frescura y dinamismo. Por momentos
conducían a los personajes hacia situaciones imprevistas o desopilantes.
Estoy acostumbrado a mirar televisión en el baño, pero aún
no se como evitar los choques eléctricos al ducharme, consultaba
un televidente, mientras otro hacía pública su preocupación
ante una posible sobredosis de Mary Tayler Moore. Las respuestas no eran menos
delirantes que las preguntas: Hagan cualquier cosa con su televisor pero
no lo rompan, ya que deberán comprar uno nuevo, las empresas productoras
ganarán más y aumentará la programación televisiva
debido al aumento de la demanda aconsejaba el Dr. Videovich en otra
oportunidad.
En 1980, trece programas de The Live! Show fueron presentados en Columbus,
Ohio, ciudad en la que se estaba experimentando un sistema de televisión
conocido como QUBE 11. El QUBE era un sistema
interactivo diseñado para promover la participación de los televidentes. Constaba
de una consola con cinco botones inserta en el selector de canales del televisor
que emitía señales a la emisora. Cuando se oprimía un botón,
la señal era procesada en una computadora y transmitida al aire, traducida
en porcentaje sobre la participación total. El resultado de la participación
de los televidentes se veía en tiempo real sobre la pantalla, y respondía
a las opciones previamente estipuladas por quien, desde la programación,
generaba la consulta.
Tras la emisión de los programas de The Live! Show, Davidovich se trasladó
a los estudios de QUBE para recoger las opiniones del público en relación
a los programas, e intentar un nuevo tipo de interacción con los espectadores,
en un capítulo que denominó SoHo Wants to Know. Su objetivo era,
por un lado, utilizar este dispositivo como herramienta de creación;
por otro, mostrar las limitaciones de ese sistema de votaciones, grado
cero de la democracia, como lo bautizara irónicamente el crítico
francés Jean-Paul Fargier 12 .
Para lograr el primer objetivo, Davidovich diseñó dos propuestas
de participación: La primera confiaba a la audiencia las decisiones
básicas sobre el video -la imagen, los efectos de sonido y el color dominante-
mientras los técnicos del canal agregaban algunos efectos visuales. El
público votó que Carole Stevenson (conductora del programa) estuviera
en la imagen, que el color de base fuera el azul y que hubiera música
clásica con flautas como sonido de fondo. Todas estas decisiones fueron
acogidas a partir de una serie de opciones. El segundo experimento consistió
en que un televidente diera instrucciones telefónicas a los técnicos
del estudio sobre el uso de los lentes y movimientos de cámara, mientras
el resto de la audiencia decidía con su voto qué cámara
debería usarse 13 .
Para el segundo propósito, Davidovich intentó poner en evidencia
que el QUBE funciona por porcentajes, no por cantidades... (por lo que)
sus sondeos son de escaso rigor científico. Además, el cuestionario
viene dado desde el punto de emisión, por lo que no es difícil
seleccionar las respuestas de forma que faciliten el resultado deseado de antemano.
Por ejemplo, ante la pregunta ¿Qué opina usted de Soho
TV? se facilita al espectador las cinco respuestas siguientes: Me
gusta, Me gusta mucho, Me gusta bastante, No
me desagrada, No está mal. El sondeo jamás podrá
dar como resultado una opinión del tipo No lo soporto, es malísimo porque
ya viene censurada desde el principio 14
.
Si bien las producciones en exteriores no fueron características del
programa, The Live! Show realizó algunas incursiones en la grabación
fuera de los estudios. Cuando fue así, como en The Gap 15 o Saludos Amigos:
Dr. Videovich Goes to Texas, el interés por la participación del
público se tradujo en entrevistas a los transeúntes sobre aspectos
ligados a la televisión, las artes y la utilización del video
por parte de los artistas.
The Live! Show fue un espacio alternativo en la televisión, que utilizó
críticamente el formato televisivo. Hasta 1984, momento en que Jaime
Davidovich decidió la finalización del ciclo, sus emisiones fueron
el vehículo para la obra de artistas que buscaron cuestionar tanto la
distribución limitada del video arte en los circuitos artísticos
como la producción estandarizada de la televisión comercial, indiferente
a la labor artística. Eran los comienzos de la televisión
por cable -señala Davidovich- y como tal, probablemente la primera y
última posibilidad de poder participar en el proceso cultural en su totalidad.
Nos daba una pequeña ventana al mundo exterior que nos permitía
mostrar nuestra obra, creando una verdadera televisión alternativa
16 .
UN CONCEPTUALISMO CALIENTE
Desde la década del setenta, la trayectoria artística de Jaime
Davidovich transita una vía netamente conceptual. Como muchos de los
artistas de esa corriente, Davidovich considera a su obra un vehículo
para la expresión de ideas, se orienta hacia una desmaterialización
que enfatiza el proceso creativo, promueve la participación reflexiva
de los espectadores y reniega de los espacios institucionalizados, aventurándose
en la búsqueda de un público mas amplio.
Sin embargo, su acercamiento al conceptualismo no se detiene en las vertientes
lingüístico-tautológica ni en la analítico-sistemática,
tan afines a sus colegas norteamericanos 17 .
Los acontecimientos políticos que azotan a la Argentina en ese período
la implantación de una violenta dictadura militar con la desaparición
y muerte de numerosos intelectuales y militantes políticos lo llevan
a adoptar una actitud crítica, común al conceptualismo que se
desarrolla paralelamente en América Latina 18
.
Davidovich participa de numerosas exposiciones de artistas latinoamericanos
en esta época 19 . A través de esas
participaciones, elabora un discurso político en el que reflexiona no
sólo sobre la situación de su país natal sino también
sobre su propia condición de artista de origen argentino habitando una
ciudad extranjera. Esta última línea de trabajo anticipa las preocupaciones
sobre el destino de las identidades regionales frente al avance de los discursos
de la globalización que se desarrollarán preferentemente en la
década posterior.
La referencia política explícita más temprana en su obra
es, quizás, Libertad de Prensa (1974), un proyecto perteneciente a los
Tape Projects presentado en una exhibición en el International Cultureel
Centrum de Antwerpen, Bélgica 20 , donde
proponía cubrir páginas de periódicos latinoamericanos
con cintas adhesivas.
Al año siguiente, Davidovich realiza La Patria Vacía (1975), un
video casi documental basado en una entrevista a un exiliado argentino en New
York que analiza las limitaciones a la libertad de opinión y la falta
de seguridad que caracterizaron al último gobierno peronista.
El video no se queda en el nivel documental de la imagen ni en la contundencia
de las palabras del entrevistado, sino que aporta comentarios desde lo formal
que remiten al resto de las obras de su autor. Por ejemplo, en una de sus
escenas, una mano cubre con cintas adhesivas la franja central de una bandera
argentina emitida por un televisor; en un cambio de toma hacia el rostro del
entrevistado, la franja de cintas se transforma en una mordaza que se ubica
directamente sobre su boca. Hacia el final de la pieza, la mano cubre con
cintas un televisor que transmite la imagen de los funerales de Perón; cuando el monitor se descubre
muestra un mapa de la República Argentina atravesado por las palabras
que dan título a la obra.
En La Patria Vacía aparecen por primera vez los símbolos argentinos
el himno, el asado, el tango, la figura de Eva Perón, los mapas
que aparecerán profusamente en la obra política posterior. En
realidad, hay un complejo sistemas de símbolos a lo largo de toda esta
producción que contrasta notoriamente con sus Tapes Projects y con el
resto de sus videos de la misma época, sumamente despojados y ascéticos.
IDENTIDAD QUEBRADA
Las exigencias de la producción televisiva semanal de SoHo Television
y The Live! Show hace que Davidovich trabaje casi exclusivamente para esos programas
entre 1978 y 1984, relegando su producción individual por algunos años.
Al final de este período realiza Evita: A Video Scrapbook (1984), una
indagación sobre la figura histórica y mítica de Eva Perón,
en la que se conjugan las opiniones de argentinos emigrados a los Estados Unidos
de escasa afinidad al régimen político del peronismo
con una reflexión sobre su trascendencia histórica y sobre el
rol de los medios en la construcción de la figura pública de la
líder popular.
El comienzo del video es similar al de la comedia musical Evita: las imágenes
de Pampa Bárbara, un film argentino de Lucas Demare, se interrumpen repentinamente
para anunciar la muerte de la dirigente espiritual de la nación. A lo
largo del video aparecen referencias al destino comercial de su figura, como
la publicidad de una línea de cosméticos que lleva su nombre.
La imagen final, otro fragmento del film Pampa Bárbara que refiere a
la construcción del territorio argentino como consecuencia del rechazo
indígena solapado en una guerra silenciosa, refuerza la opinión
de uno de los entrevistados, para quien la historia argentina se ha construido
a partir de la ignorancia de los hechos y la aceptación de sus versiones.
Evita: A Video Scraptbook es, como su nombre lo indica, un boceto. No sólo
de la figura de Eva Perón, sino también, del contexto histórico
en el que cobra su fuerza, y que no deja de reescribirse y reinscribirse en
la memoria de los argentinos. Para Davidovich, la figura de Eva Perón
es uno de los símbolos ineludibles a la hora de configurar una identidad
nacional de cara a la historia y a la imagen que se proyecta desde la Argentina
al exterior. Quizás sea por esto que la figura de Eva vuelve a aparecer
en una video instalación de 1990, Eva Perón, Then and Now, integrante
de la muestra Ideas and Images from Argentina.
Progresivamente, las referencias explícitas a la historia y la política
argentinas pasan a conformar los fundamentos de una identidad incompleta y fragmentaria.
El contexto de los debates sobre el mundo globalizado repercute de manera especial
en esta producción que se propone pensar lo local ante la perspectiva
de lo global unificado.
Torn Identity (1992), un video centrado en este conflicto, resuelve el antagonismo
a través del recurso a una pantalla dividida. El video parte de la imagen
de un desfile de argentinos por las calles de New York, comandado por una carroza
móvil que transporta a dos cantantes de tango y a una pareja de bailarines.
La carroza va escoltada por coches oficiales identificados por sus banderas
norteamericanas. Las imágenes del desfile interactúan principalmente
con otras dos imágenes: las de una carnicería y algunas imágenes
documentales de la historia argentina reciente: desfiles militares, la Guerra
de Malvinas, manifestaciones políticas, presidentes constitucionales
y de facto, etc.
La comparación entre el desfile militar argentino y el desfile en New
York traslada la pregunta por la legitimidad desde aquel hacia éste:
al igual que el desfile militar, la procesión por las calles de la ciudad
norteamericana ofrece una imagen de la Argentina que oculta más de lo
que muestra. Esa no concordancia entre lo visible y lo invisible atraviesa de
lado a lado la obra. La alternancia entre ambos sectores de la pantalla, produce
un intercambio crítico entre pasado y presente, ambigüedad y estereotipo
nacional.
La Isla del Tesoro (1989) prolonga esta reflexión sobre los estereotipos
y la imagen frente a los demás. La instalación confronta una representación
desmembrada de la Argentina un mapa desarticulado de su geografía
con la imagen de un bandoneonista callejero introducida por un monitor
ubicado en el interior de la figura geográfica. La relación entre
el ejecutante y el dinero que han depositado los transeúntes en la caja
de su instrumento imágenes recurrentes en el video pone de
manifiesto el terreno económico en el que germinan hoy los discursos
sobre las identidades nacionales, empujadas a su cristalización en
estereotipos culturales.
DE NEW YORK A CYBERSPACE
Las reflexiones en torno a las identidades nacionales toman una vía diferente
a partir de la década del noventa. Si al comienzo fueron espacios para
potenciar la emergencia de los discursos ocluidos tras los grandes relatos
de la modernidad, lentamente fueron cobrando el sentido de una resistencia cultural
frente a los intentos homogeneizadores de la globalización económica.
Esta problemática atraviesa la video instalación Forces/Farces,
presentada en Exit Art en 1991. Para esta pieza, Davidovich incluye seis televisores
en sendos paneles pintados por él, cada uno de los cuales conforma un
ámbito conceptual diferenciado. Esos ámbitos llevan por título:
We The People, Media Blackout, Globalism, Do Not Pass/Do Not Enter, Overexposed
y Seduction and Desire, y cada uno va acompañado de imágenes genéricas,
no adjudicables a sitios geográficos específicos, sino más
bien comunes a la mayoría de las urbes contemporáneas. Así,
por ejemplo, We The People presenta imágenes de calles atestadas de gente
en diferentes sitios del planeta; Do Not Pass/Do Not Enter exhibe calles y autopistas
del mundo; Seduction and Desire muestra las mercaderías expuestas en
un shopping mall y Globalism recorre distintos locales de MacDonnalds
en el globo.
Hacia el final de la instalación, el público es invitado a participar
contestando un cuestionario sobre los efectos de la globalización en
la vida cotidiana. Esas opiniones son registradas en video e incorporadas día
a día a la pieza, transformándola en una verdadera obra en proceso
(work in progress). El trabajo adquiere así la condición de una
proposición, una ocasión para la reflexión sobre el presente
estimulada por el fluir de las imágenes. Los comentarios visuales del
artista dialogan con las opiniones de los espectadores, transformados en productores
del sentido final de la pieza. Como en los programas televisivos, la audiencia
vuelve a constituir un núcleo central de la propuesta estética.
Algunas imágenes de esta instalación formarán parte de
otra obra, Los Pueblos Quieren Saber De Qué Se Trata (1992), presentada
en la Fundación Banco Patricios de Buenos Aires. El título remite
a un acontecimiento fundante de la historia argentina: cuando, durante el período
colonial, el pueblo se reúne frente a la casa de gobierno para informarse
sobre la posible sustitución de los dirigentes españoles por
el primer gobierno nacional.
En la instalación, una elevada pila de diarios concluye en un monitor
con imágenes que remiten a la globalización. Como en aquella época,
los pueblos han quedado al margen de las decisiones de las que dependerá
su futura forma de vida. Esta distancia está enfatizada por la altura
del monitor, que dificulta la visión de las imágenes, y por
la pared de diarios que constituye una verdadera barrera al acercamiento del
espectador.
Tres años más tarde, en la exposición La Tierra Prometida
(1995) realizada en el Instituto de Cooperación Iberoamericana de Buenos
Aires, Davidovich presenta Yo, Errancia, una serie de composiciones digitales
en las que los símbolos nacionales aparecen integrados a imágenes
de la cultura global. La utilización del medio digital no es casual.
No sólo permite una mejor integración de las imágenes,
sino que nombra, además, una de las causas más importantes de
la globalización mediática: la tecnología digital.
Esa tecnología tuvo a su cargo la expansión casi infinita de las
redes de comunicación. Una de ellas, la más importante de los
últimos años, fue otro de los medios utilizados por el artista
para explorar las posibilidades de una regionalización cultural en un
universo mediático sin fronteras. Se trata de Haciendo Dulce de Leche
en Cyberspace (1996), una de las piezas integrantes de Digital Diaspora, la
página de Internet que Davidovich elaboró junto a otro artista
argentino emigrado, Alejandro Fogel. La obra introduce una reflexión
sagaz sobre esta problemática, reelaborando uno de los símbolos
argentinos por excelencia (el dulce de leche) en función del nuevo espacio
virtual generado por las autopistas informáticas.v
PINTURAS EN TIEMPO REAL
La obra en Internet de Jaime Davidovich completa el circuito de la comunicación
que siempre ha estado en el centro de sus preocupaciones. Esa comunicación
ha tenido un claro y constante destinatario: el espectador. Desde los Tape
Projects a sus instalaciones recientes, pasando por los programas televisivos,
sus propuestas han contemplado la necesidad de un feedback por parte de la
audiencia.
No obstante, Internet se ha convertido en un ámbito puramente comercial
y despersonalizado, perdiendo el carácter experimental y el misterioso
atractivo que llamó la atención de muchos artistas en sus primeros
años. Quizás sea por eso que Davidovich se alejó rápidamente
de este espacio para embarcarse en un nuevo tipo de obra, de características
más acotadas, relacionales e intimistas.
Las video paintings que ha comenzado a producir en los últimos años,
y que aún hoy continúa desarrollando, retornan a la superficie
limitada de la pintura pero para trascenderla a través de la temporalidad
ilimitada de las imágenes electrónicas.
Estas piezas son el resultado de una mirada reflexiva sobre su propia carrera
artística y, al mismo tiempo, un paso más en la revisión
de los límites de dos medios ligados históricamente a su producción.
En general, están compuestas por pinturas abstractas de pequeño
formato, sobre las que proyecta, o a través de las cuales emite, una
imagen de video, generalmente el registro casi sin edición de un paisaje
o de un conjunto de objetos.
Es imposible no ver en estas piezas referencias inmediatas a su obra pictórica
la serie de los pizarrones, por ejemplo o a su obra electrónica,
en particular, a los videos de su primera etapa. Pero también hay una
clara remisión a la televisión, en tanto las pequeñas pinturas
emiten una imagen enmarcada similar a la transmitida por el receptor hogareño.
Es curioso, por otra parte, que la televisión haya comenzado a incorporar
hoy el tiempo real a sus productos; el caso más característico
sería el de los reality shows que han inundado recientemente las pantallas.
Sin embargo, la propuesta de Davidovich se aleja radicalmente de los objetivos
que se han propuesto los media.
En el discurso tecnológico contemporáneo, el tiempo real ha pasado
a constituirse en uno de los valores máximos. Ninguna práctica,
ninguna conexión, ninguna acción efectiva es válida si
no se ejecuta en tiempo real, si no hay respuesta inmediata,
si no se asegura el grado máximo de la instantaneidad. El tiempo real
aparece, en el lenguaje actual de los medios, como un antídoto a la creciente
irrealidad de la experiencia provocada, justamente, por la misma profusión
mediática. Los reality shows se presentan como la panacea de una experiencia
no ficticia que funda su verdad en la inmediatez temporal del registro, cuando
en realidad no son sino un nuevo escalón hacia la ficcionalización
de la vida, donde la instantaneidad y la relación directa con las cosas
se construyen como efecto retórico.
En sus video paintings Jaime Davidovich recupera el tiempo real y la representación
pero desde una perspectiva completamente diferente. Porque aquí, el tiempo
real que se retoma no es el de la cultura digital, sino el de los inicios del
video, cuando aquel significaba la captación sin fisuras ni manipulaciones
del mundo desplegado frente a la cámara. La imagen es ahora una ocasión
para la contemplación meditativa. Sin efectos ni edición perturbadora,
objetos, acciones y situaciones exigen una mirada detenida, disparan asociaciones,
despiertan otra vez el poder evocador de las imágenes. Lo que diferencia
rotundamente a estas obras de la televisión -pero no de la televisión
de Davidovich- es su carácter casi privado e intimista, que propone
nuevamente un contacto directo con el espectador.
La pintura es ahora el soporte del registro videográfico. La asociación
cuestiona el pretendido antagonismo de ambos medios; en el cruce se establecen
diálogos a múltiples niveles.
En el recurso a temas y géneros clásicos de la historia del arte,
el artista ejercita la cita pero desde una posición reflexiva. Por una
parte, pone en evidencia la definitiva asimilación del video a dicha
historia, habida cuenta de su inobjetable consolidación en el circuito
del arte contemporáneo. Por otra parte, pone a prueba los límites
de la representación, trabajando sobre la vacilación perceptiva
entre el registro de video proyectado y la imagen contenida en el soporte pictórico.
Esa vacilación perceptiva es la responsable de la activación de
una novedosa cualidad sensorial para el video, un medio tradicionalmente asociado
a la frialdad del barrido electrónico.
Paisajes y naturalezas muertas son, además, motivos para una recuperación
humanista de la práctica artística. Las video paintings respiran
una evidente voluntad por la captura de lo vital, lo cotidiano, los rastros
de un tiempo que muta rápidamente pero que en su devenir va dejando imágenes
imborrables.
Las primeras piezas de la serie hacen explícitas su referencia a los
pintores de la Escuela del Río Hudson 21 y
a los fotógrafos pictorialistas 22 de finales
del siglo XIX. Los primeros están referidos principalmente a través
de los paisajes registrados en el valle del Río Hudson y
de las atmósferas; los últimos aparecen en el brillo iridiscente
de las superficies, logrado con un barniz especial que recuerda las placas de
platino preferidas por los fotógrafos pictorialistas norteamericanos.
La serie progresa incorporando nuevos paisajes que tienen a New York por epicentro.
En general, se mantiene el formato de cuadro individual, aunque el artista
ha explorado también las proyecciones multipantallas e incluso la incorporación
de sonido. Tal es el caso de la instalación View From Above (2000) realizada
en el Deep Listening Center, en la que trabaja con las imágenes obtenidas
desde el piso 91 de la Torre Gemela 1, lugar donde Davidovich realizó
una residencia de creación. La instalación confronta las vistas
del río Hudson, el puente de Brooklyn y el parque debajo de las Torres
Gemelas con la misma actitud lejana y contemplativa de sus video paintings,
acompañadas ahora por la música de Reynols, que crea una atmósfera
sonora sutil y meditativa.
Las obras más recientes en esta línea exploran otro género
pictórico: la naturaleza muerta. En algunas de ellas aparece el televisor,
como elemento clave de los objetos que conforman la experiencia cotidiana contemporánea.
La imagen está llena de ambigüedad. Por un lado presenta una mirada
reposada de un aparato identificado con la velocidad de las noticias. Por otro,
lo liga a una estructura compositiva histórica, de fuertes resonancias
en el pasado, implicando quizás que la televisión pertenece ya
a esa tradición histórica más que a la estricta actualidad
(sin lugar a dudas, el icono del presente es la computadora; no resulta extraño
entonces que el televisor haya sido relegado a este lugar).
Pero principalmente, el televisor vuelve a aparecer en la obra de Davidovich
como lo hiciera en sus primeras incursiones: como un objeto. Así como
en el ámbito de los Tape Projects, las cintas llamaban la atención
sobre el carácter objetual de este aparato, las video paintings recuperan
esa mirada para invitarnos nuevamente a reflexionar sobre el soporte tecnológico,
para desplazarnos de la fascinación mediática y llamar otra vez
nuestra atención sobre el mundo que se despliega más allá de
sus ventanas.
EPÍLOGO
Revisitar la trayectoria artística de Jaime Davidovich es transitar por
las principales rutas del pensamiento artístico de los últimos
años y comprender íntimamente la importancia que los nuevos medios
(new media) han adquirido en el arte contemporáneo. El abandono de la
pintura por las instalaciones y los videos, y el alejamiento del circuito artístico
hacia el espacio público de los medios, son acontecimientos que hoy relatamos
con naturalidad, pero que en su momento significaron profundos cismas, posturas
ideológicas radicales y la asunción de un compromiso con la práctica
artística que dejó profundas marcas en la historia del arte
del siglo veinte.
La producción actual del artista opta por una nueva actitud inconformista.
Frente a la espectacularidad de la producción electrónica que
caracteriza la competencia entre bienales y otras megaexposiciones, Davidovich
insiste en una experiencia reflexiva e íntima, que resiste las presiones
mercantiles y la anulación semántica de la política global.
Insiste, fundamentalmente, en una ética de la práctica artística,
aquella que, según Catherine David, confía en que el arte continúa
siendo una fuente vital de representaciones simbólicas e imaginarias
cuya diversidad es irreducible a la (casi) total dominación económica
de lo real. 23
Rodrigo Alonso
NOTAS
1. Citado en MATTURRI, John. Jaime Davidovich.
Monografía inédita, 1979.
2. Sobre estas características de las obras
minimalistas pueden consultarse: KRAUSS, Rosalind: "Overcoming the Limits
of Matter: On Revising Minimalism", en ELDERFIELD, John (ed). American
Art of the 1960s. New York: Museum of Modern Art/Abrams, 1991; FOSTER, Hal:
The Crux of Minimalism, en The Return of the Real. Cambridge (Mass.):
The MIT Press, 1996; COLPITT, Frances. Minimal Art. The Critical Perspective.
Seattle: University of Washington Press, 1997 (1990).
3. KOSUTH, Joseph: Art After Philosophy,
en Studio International, octubre 1969. Reimpreso en MEYER, Ursula. Conceptual
Art. New York: Dutton, 1972.
4. DE DUVE, Thierry. Kant After Duchamp. Cambridge
(Mass.): The MIT Press, 1996.
5. LEWITT, Sol: Sentences on Conceptual Art,
en Art-Language: The Journal of Conceptual Art, N° 1, 1969. Reimpreso en
MEYER, Ursula, op.cit.
6. Así lo señala Craig Owens siguiendo
a Panofsky, cuando asegura que la relación del espectador con la
obra de arte está prescripta, asignada de antemano, por el sistema representacional.
Véase OWENS, Craig: Representation, Appropiation and Power,
en Beyond Recognition: Representation, Power and Culture. Berkeley: University
of California Press, 1994.
7. La falsa pared fue una exigencia de la galería
para proteger la pared real, pero a Davidovich le interesó la idea de
cubrir con cintas una pared que a su vez cubría a otra.
8. Al respecto puede consultarse: MORGAN, Robert:
A Metodology for American Conceptualism, en Art Into Ideas, Cambridge:
Cambridge University Press, 1996.
9. La televisión de acceso publico surgió
en New York en 1971, como consecuencia de los requerimientos del municipio de
la ciudad de New York que obligó a las dos cadenas de cable neoyorquinas
a reservar espacios para los ciudadanos que quisieran expresarse a través
de ellos, en un intento por hacer cumplir la Primera Enmienda de la Constitución
de los Estados Unidos que garantiza la libertad de expresión. Una descripción
más detallada de la composición del sistema televisivo de la época
puede encontrarse en: BONET, Eugeni: TV USA: El Dinosaurio del Imperio
en Video Actualidad, N° 26, Barcelona, setiembre de 1983.
10. Citado en Video Tape Review, Video
Data Bank Catalog, 1986.
11. El nombre QUBE no significa nada; fue
elegido porque rimaba con TUBE (tubo): declaración del presidente
de QUBE, Lawrence B. Hilford, en Cant Stand the Show? Budgets Lets
Viewers Rule en Detroit Free Press, 1 de diciembre de 1977, citado en
DAGOSTINO, Peter: Proposal for QUBE, en TV Magazine, Pilot
Issue, New York, 1980.
12. FARGIER, Jean-Paul: Jaime Davidovich,
Le Câble et le Qube, en Cahiers du Cinéma, N° 337, junio
de 1982.
13. Citado en SoHo Wants to Know en
TV Magazine. Pilot Issue, New York, 1980.
14. TORRENT, Jordi: Contra el Gigante de
Mármol: ATN en Video Actualidad, N° 26, Barcelona, setiembre
de 1983.
15. Para un análisis de The Gap, consúltese
RAPAPORT, Herman: On Television / Off Television. The Live! Show
(catálogo). New York: American Museum of the Moving Image, 1989.
16. Citado en The Live! Show (catálogo).
Op.cit.
17. Véase, por ejemplo, MORGAN, Robert.
A Methodology for American Conceptualism. En Art Into Ideas. Cambridge:
Cambridge University Press, 1996.
18. Sobre el desarrollo del conceptualismo en América
Latina puede consultarse: RAMIREZ, Mari Carmen. Tactics for Thriving on
Adversity: Conceptualism in Latin America, 1960-1980". En Global Conceptualism:
Points of Origin 1950s - 1980s. New York: Queens Museum of Art, 1999.
19. Principalmente, en muestras organizadas por
el fundador y director del Centro de Arte y Comunicación (CAYC), Jorge
Glusberg, en diferentes instituciones artísticas del mundo.
20. Organizada por Jorge Glusberg a través
del CAYC.
21. La Escuela del Río Hudson comprende
a un grupo de pintores norteamericanos, liderados por Thomas Cole, que trabajaron
entre 1835 y 1870, aproximadamente. Sus pinturas se centraron en la captación
romántica del paisaje, principalmente de la zona del Valle del Río
Hudson, mediante efectos pictóricos que enfatizaban la luminosidad de
la composición, por lo que se los conoce también como Luministas.
22. Los fotógrafos pictorialistas buscaron
producir imágenes fotográficas con calidad pictórica. Para
esto recurrieron al uso de lentes dispersoras de la luz o a la manipulación
de los registros fotográficos después de realizada la toma, con
el objeto de dar a las imágenes el aspecto de las pinturas impresionistas
de la época.
23. Catherine David: Introduction.
En Documenta X. Short Guide. Ostfildern-Ruit: Cantz Verlag, 1997.